Crítica de Agua (Saga Elementum, libro 1) de Àlex Roma: ¿Vale la pena?

La literatura de fantasía juvenil contemporánea se enfrenta constantemente al reto de la originalidad. En un mercado saturado de elegidos, romances paranormales y mundos ocultos, cada nueva propuesta corre el riesgo de convertirse en un eco de lo ya escrito. Saga Elementum I: Agua, la primera entrega de la serie creada por Àlex Roma, intenta surfear la ola de la mitología marina combinando el duelo real con el folclore de las sirenas y el reino submarino de Delkinru. Sin embargo, a pesar de contar con una ambientación costera atractiva localizada en las playas de Blanes, la novela naufraga debido a una ejecución predecible, personajes planos y un ritmo narrativo que no termina de asentarse.
La premisa arranca con un cliché dolorosamente habitual en el género: el trauma familiar como motor de cambio geográfico. Acompañamos a Elian Dorado, un joven atrapado por el dolor tras la trágica muerte de su hermana Gina y el posterior divorcio de sus padres. Con el fin de empezar desde cero, se traslada de Barcelona a Blanes para vivir con su tía Marieta. Lo que pretende presentarse como una exploración profunda del duelo se percibe de forma superficial debido a una prosa que abusa del telling (contar) sobre el showing (mostrar). El dolor de Elian se enuncia constantemente, pero rara vez se transmite de forma orgánica a través de sus acciones o de una atmósfera psicológica real; se queda en una etiqueta de personaje melancólico que sirve únicamente de justificación para que se aísle del mundo hasta que la fantasía llama a su puerta.
El verdadero núcleo de la trama se desata cuando Elian descubre Delkinru y conoce a Aya, una sirena atrapada entre la civilización humana y su propio pueblo inmortal. Es aquí donde la novela muestra sus costuras más débiles. La construcción del mundo oculto bajo el mar resulta derivativa. A pesar de los esfuerzos por dotar a las sirenas de habilidades complejas vinculadas a las almas humanas, el lore adolece de una falta de solidez institucional y mística. Delkinru se siente más como un decorado conveniente que como un ecosistema vivo y ancestral; las reglas de su magia y de la guerra secreta que se avecina se explican mediante convenientes e interminables diálogos de exposición en lugar de integrarse en la acción o el misterio.
Por su parte, el romance entre Elian y Aya cae de forma inevitable en el insta-love (amor instantáneo), un mal endémico de la literatura juvenil actual. La conexión magnética y profunda que se supone que existe entre ambos carece de desarrollo; no hay una construcción de la confianza, un contraste real de sus mundos ni diálogos con chispa que sostengan el peso de su vínculo. Se aman porque el guion de la fantasía urbana exige que el humano atormentado y la criatura mágica compartan un destino trágico, restándole verosimilitud y carga emocional a los sacrificios que realizan el uno por el otro en el tramo final. A esto se le suma una prosa plana y un ritmo irregular. La transición entre el misterio costero cotidiano y el conflicto de altas apuestas entre facciones inmortales resulta abrupta. Los antagonistas rozan la caricatura y carecen de motivaciones tridimensionales que justifiquen el peligro real que se supone que representan para la Costa Brava.
En conclusión, Saga Elementum I: Agua cuenta con elementos de salida interesantes, especialmente el uso de Blanes como escenario principal, apartándose de las típicas megaciudades americanas. Sin embargo, Àlex Roma entrega un producto que no arriesga, apoyándose en exceso en las convenciones más trilladas del género. Los lectores habituales de fantasía juvenil encontrarán en estas páginas una lectura ligera y adictiva para pasar el rato, pero que carece de la profundidad emocional, la madurez estilística y la innovación necesarias para dejar una huella perdurable en el género.
